Una
de las principales dificultades al momento de evaluar el Impacto Ambiental (IA)
de un proyecto, obra o actividad, se relaciona con la identificación misma de los
impactos. ¿Qué es un impacto y qué no? ¿Cómo le doy nombre al impacto? ¿Cuántos
impactos se deben identificar?, son solo algunas de las preguntas que pueden
surgir. Esperamos que las recomendaciones presentadas a continuación sean de
utilidad para responderlas.
Retomando
la definición propuesta por Wathern (1998), quien considera al IA como el cambio de un parámetro ambiental que se
presenta en un periodo de tiempo específico, sobre un área definida, como
resultado de una actividad antrópica particular, resulta fácil identificar
el impacto.
Lo primero que debemos hacer es identificar el parámetro ambiental afectado.
En
este punto es útil tener en cuenta que el parámetro es el último nivel de una
cascada de divisiones que se hacen del ambiente con el propósito de entender y
predecir lo que sucederá en él con la implementación del proyecto, obra o
actividad. Esta cascada inicia con el medio, continúa con el componente, sigue
con el factor y finaliza con el parámetro.
El
medio es la categoría más grande en
la que se divide el ambiente. Usualmente está compuesta por 3 subgrupos: el medio
físico, el biótico y el social. No obstante este último puede ser sustituido (o
dividido) en medio económico, social y cultural. De esta forma tendríamos entre
tres y cinco subdivisiones para el medio.
Dentro
de cada medio se agrupan a su vez los componentes
ambientales, siendo estos las unidades macro del ambiente, por ejemplo: el
suelo, el aire, el agua, la geoforma y el paisaje, en los que se descompone
habitualmente el medio físico. Por su parte, el medio biótico suele subdividirse
en flora y fauna, aunque en algunos estudios se pueden emplear categorías más
finas como macrofauna, mesofauna y microfauna, hidrobiota, entre otros. Para el medio
social, socio-económico o socio-económico y cultural, los componentes son más
difíciles de establecer, siendo habitual analizar las comunidades, la economía
local, la infraestructura, la cultura,
etc.
El
factor ambiental constituye las
unidades micro que conforman el componente ambiental. Para los componentes del
medio físico se emplean comúnmente adjetivos como calidad (del agua, del aire,
del suelo) así como también descriptores generales del componente. Por ejemplo
la morfología, la diversidad del paisaje, la fertilidad del suelo, el régimen
hidrológico, entre otros. Mientras que para los componentes bióticos se suelen emplear
como factores ambientales la cobertura vegetal, la diversidad, el hábitat, la
población... y para el medio social las poblaciones, los valores ciudadanos,
el empleo, la educación, el transporte, etc. De esta manera el ambiente puede ser
desagregado en más de 60 factores.
Por
ultimo llegamos al parámetro, clave
para la identificación de los impactos. En este nivel la calidad del agua, por
ejemplo, puede ser descompuesta en muchos elementos, dependiendo del nivel de
detalle que se requiera, de la información disponible, del nivel de conocimiento
del equipo evaluador, entre otros factores. Algunos ejemplos de parámetros son en este caso el oxígeno disuelto, pH, la Demanda Bioquímica de Oxigeno (DBO), la Demanda Química de Oxigeno (DQO), los sólidos
suspendidos, sólidos disueltos, sólidos sedimentables, la temperatura, turbidez y la concentración
de mercurio.
Es
finalmente a este nivel que es posible hacer una correcta identificación de los
impactos, y superar uno de los errores más comunes: el definir un IA en
términos de cambio, contaminación, alteración o deterioro del componente
ambiental. Para ser más explícito: es un error definir un impacto ambiental
como contaminación del agua, contaminación del suelo, cambio del régimen
hídrico, etc.
Pero, ¿por qué es un error?
Porque
este nivel de detalle no permite establecer medidas eficaces para prevenir,
corregir o mitigar el impacto. Además puede ocasionar que los Planes de Manejo Ambiental (PMA) estén sobredimensionados, desenfocados o sean exiguos. Por
ejemplo establecer que el impacto es la contaminación del agua no es suficiente
para definir si la medida de manejo debe ser una planta de tratamiento, un
filtro de arena, un tanque sedimentador, un proceso microbiológico, un proceso
químico u otra alternativa.
Entonces
la clave para una correcta identificación del IA es llegar al máximo nivel de
detalle posible, de manera que la medida de manejo resulte ser fácil de
establecer. Ahora bien, es necesario ser claro en cuál es el tipo de cambio del
parámetro, por ejemplo si es un aumento, una disminución o una eliminación.
No obstante, hay que reconocer que esto es especialmente difícil para el caso de
los impactos sociales donde los parámetros afectados pueden ser interpretados
de diferentes maneras, por tanto lo recomendable es nuevamente intentar llegar
al máximo nivel de detalle.
Como conclusión podemos afirmar que la correcta identificación de los IA dependerá del nivel de conocimiento que se tenga de los parámetros que definen el componente ambiental afectado y del grado de detalle empleado en el EsIA.
Podría
decirse que este enfoque para la identificación de impactos puede alargar el
proceso y por ende el tiempo de elaboración de los Estudios de Impacto Ambiental (EsIA). Para quienes consideren esto, es necesario que piensen que el
tiempo adicional dedicado a la correcta identificación de los impactos será
recompensado con un menor tiempo en la definición de las medidas de manejo y
finalmente en un mejor PMA. Además es importante reflexionar acerca de la
responsabilidad que tenemos como profesionales ante el proceso de Evaluación de Impacto Ambiental (EIA) y cómo nuestro desempeño profesional puede redundar en
una mejor o peor gestión del patrimonio ambiental de la nación.
Bibliografía
WATHERN P.
(1998). An Introductory guide to EIA. En: WATHERN P. Environmental impact
assessment: theory and practice. (Editor) London: Biddles Ltd, Guilford and
King’s Lynn. P. 3-46. ISBN: 0-415-07884-9.
